viernes, 31 de octubre de 2014

24/08/2014: Vuelo sin motor. La Práctica

Domingo, son las 10 de la mañana y me quedo de "Rodriguez" unos cuantos días. Estamos a finales de agosto, día 24 para ser más exactos, por lo que todo el mundo está de vacaciones. Bueno, todo el mundo no, creo que hay 3 o 4 personas en la Península que estamos al pie del cañón y para mi suerte, uno de ellos es mi buen amigo Maik que me va a regalar una experiencia voladora que llevo tiempo, demasiado, con ganas de realizar: volar en un aerodino sin motor en el que su sustentación y traslación provienen de la resultante general aerodinámica: un velero (Toma Ya!).

Llego pronto al aeródromo de Ocaña, sobre las 10:30 de la mañana . Un aeródromo gestionado por SENASA con dos pistas paralelas, una de asfalto, la 11-29, de 1200x20 (de los 100 de ancho total, se encuentran asfaltados los 20 m centrales, siendo el resto de terreno natural compactado) y otra de tierra, la 17-35, de 900x100.
Parece mentira la cantidad de veces que he pasado al lado, por carretera, y todavía no me había animado nunca a parar aquí.

Según aparco, lo más a la sombra que puedo ya que el día promete ser de los que atiza bien el calor, me encuentro que la actividad paracaidista está a tope: el cielo se llena de puntitos de colores que poco a poco se van haciendo más y más grandes, sobre todo cuando abren las campanas. Algunos bajan a toda leche muy rápido haciendo espirales. Incluso, uno de los zumbaos atrevidos es capaz de bajar tan rápido que pienso que se va a despanzurrar contra el suelo para en el último momento ponerse paralelo al suelo, tocando con la parte exterior del muslo la hierba y volver a ponerse vertical y aterrizar casi parado con un pequeño salto. Los pelos como escarpias, oiga.

Paracaidistas. ¿Me animare alguna vez? Cuantos más años tengo, menos ganas de probar
Mientras llega mi compi, me dedico a pasear por la plataforma viendo los aviones estacionados y como sacan los veleros de los hangares y los llevan a la cabecera de la 11. Escucho por la megafonía de Skydive, empresa que se dedica a realizar los saltos en paracaídas, como avisan a un nuevo grupo de saltadores para que se vayan preparando, ya que una de las dos Pilatus Porter se dispone a aterrizar para recogerlos. Permitidme que os cuente la secuencia ya que merece la pena. Llega la Pilatus, sin apagar el motor recoge a un puñado de paracas que se meten dentro como sardinas en lata, todos a presión y como pueden. En menos de un minuto el avión rueda a cabecera de pista y en unos 250 o 300 metros ya está en el aire tomando altura. A los 5 minutos saltan uno o dos tándem (que imagino que saldrán con un sonido tipo 'pop', como al abrir un paquete de Pringles) y el avión aún asciende  un poco más para soltar al resto (mi escáner ayuda a saber cuándo saltan ya que están tan altos que es difícil verlos). Acto seguido la Porter se tira para la pista haciendo un sonido "ffffffffuuuuu" indescriptible. No se oye el motor, se oye como el paso corto de su hélice rompe el viento y cuesta creer como esa maravilla, con ese ángulo de ataque, puede ir tan despacio. En cabecera de la pista, paralelo al suelo, el avión hace la recogida y en 150 metros hace una toma a tres puntos que me deja anodadado (no una vez, sino todas las que lo vi aterrizar).
Pilatus Porter , un avión que me ha enamorado, por su interior espartano y sus asombrosas performances. Cuando me toque la primitiva me compro uno, palabrita del niño Jesus.

La Pilatus cargando paracas 
Al fin llega mi socio en esta aventura y tras enseñarme los hangares y los diferentes aviones que hay por ahí nos vamos a desayunar (mi segunda vez cual hobbit) un pincho de tortilla y una cocacola en la terracita chill-out con vistas a la pista y piscina. Es pronto, o eso dicen, para volar a vela. El cielo está azul y eso no debe ser bueno por lo que se comenta por aquí. Sin prisa seguimos charlando, contando historias, riéndonos, vamos, lo de siempre ;-)

Plataforma de Ocaña por la mañana a primera hora
Nos dirigimos a la pista, a una casetilla tipo parada de autobús que tienen ahí los instructores para que no les de la solana y Mike pregunta que como ven el día. Parece que bien, pero hay que seguir esperando ya que tiene que calentarse el suelo para que haya térmicas. Volvemos a los hangares y vemos más en detalle el K-7 del Club de Vuelo a Vela de la UPM y pruebo a meterme dentro a ver qué tal me queda. Imposible, no quepo y presiento que esta modalidad no tiene en cuenta a los tíos grandotes como yo :-(



Volvemos a la pista. Son más de las 13 y parece que la cosa pinta mejor. Miguel me dice que vamos a volar en el ASK-21 de Senasa, que es más grande y seguro que quepo bien. Veremos. Me traen un paracaídas rojo y me dicen que me lo ponga. ¡Como si yo supiera como coño se pone esto! Lo intento pero desisto justo en el momento en que estoy apunto de autoprovocarme una torsión testicular causada por la mala colocación de las cinchas. Pido ayuda a un instructor que amablemente colabora en la buena disposición del artefacto. Todo marcha sobre la seda.

Estoy impaciente por experimentar este vuelo... cuando preguntan a Maik si ha traído la ficha de pista o no sé qué historias. El pone cara de póker y dice que se le ha olvidado. Tras unos segundos de silencio oigo una voz que dice: "sin la ficha no puedes volar" y como alma que lleva el diablo Maik sale corriendo a la oficina a por la ficha (que supongo que debe ser algo muy importante) mientras yo me quedo en un artefacto desconocido, medio tumbado, pegándome el sol y con un calor del copón esperando a que vuelva mi compañero. Cuando al fin regresa oigo que dice que la oficina está cerrada y una voz que le contesta: "sin ficha no se vuela". Cuacuacuacuaaaaaaaaaaa
Toca retirar el velero y esperar hasta las 16 a que vuelva a abrir la oficina. Me bajo, me quito el paracaídas, insultos varios, y retiramos el avión de la pista para que puedan despegar los otros veleros que están por detrás mientras en mi cabeza suenan risotadas y voces que dicen "toooooontooooos"

Selfie resignado ante tan gran fiasco de intentona
Volvemos al bar, volvemos a la cocacola y al agua mineral y muy lentamente pasan los minutos hasta que a las 16 nos acercamos a la oficina para recuperar la dichosa ficha de campo. Cotilleo el edificio y compruebo que hay, o mejor dicho, había habitaciones perfectamente equipadas que ahora están abandonadas a su suerte y medio derruidas. Qué pena.

Aquí Maik protegiéndose de calor después de la ingesta de tanto líquido
Volvemos a la cabecera de la 27 y tras ponerme el paracaídas, esta vez ya sin ayuda, me siento, mejor dicho, me medio tumbo encima del paraca y me ato con el cinturón y arneses al asiento que está situado en la posición más adelantada del velero. Supongo que a los novatos nos ponen delante para que en el caso de que ocurra alguna situación indeseable, nuestro cuerpo actúe de airbag para al verdadero piloto.
Es una posición curiosa en la que una vez que se cierra la cúpula ya no te puedes ver los pies y de entre las piernas sobresale un palo bien duro (también llamado palanca de mandos) que mueve alerones y estabilizador.

Yep! ¿Pero que es esta dureza que tengo por aquí? 0_o
Aseguramos la cúpula y a pesar de estar completamente acristalada tengo una sensación un pelín agobiante acrecentada por el calor asfixiante que hace dentro. El espacio del habitáculo para un tío grande como yo no es mucho. Aun así estoy disfrutando como un enano. No llevo cascos y se me hace raro. No hay nadie a mi lado y si no es porque al girar el cuello 180º, cual niña del exorcista, viera la cabeza de Maik hubiera pensado que estaba sólo en la cabina. Hay que estar muy loco para confiar mi vida en este personaje, encima, ¡en un artefacto que no tiene motor!

A los pocos minutos aparece por delante de nosotros la ROBIN DR 400-180R que nos va a remolcar. Uno de los instructores engancha un cable a "mis bajos" y se retira mientras yo pruebo los pedales siguiendo las instrucciones del piloto al mando.

Nuestro remolcador. No está mal, verdad?


- Remolcando, dice Maik

El avión que tenemos a muy escasos metros comienza a moverse y, tras un pequeño tirón, nosotros también. Se escucha perfectamente como recorremos el asfalto de la pista. No llevar cascos hace que seas mucho más consciente de un montón de ruidos y sonidos que normalmente no escuchas (y que creo que es mejor no hacerlo).

- Echa la cabeza a un lado, dice Maik
- ¿A cuál?, respondo mientras la inclino a la derecha
- A ese lado no, al otro
- ¿Ahí está bien?, ¡ya no tengo más lados! ;-)


Pues no soy tan cabezón... creo :-\
Con los planos nivelados, vamos cogiendo poco a poco más velocidad y cuando menos me lo espero, plop, estamos en el aire. A los pocos segundos el remolcador también se va al aire y empezamos a ascender entre tirones y térmicas.

¡¡¡COMO MOLA!!!!!

Cuesta coger altura, se nota que son las tres de la tarde y no está siendo nada cómodo. Poco a poco y vuelta tras vuelta vamos cogiendo metros y más metros entre gemidos y jadeos de mi compañero ante el esfuerzo que le está suponiendo mantenernos lo más estable posible sin pegarle más tirones de los necesarios (hoy no nos parece correcto arrancarle la cola) a la Robin de delante. De repente oigo un clanck y veo como el cordón umbilical que nos une a nuestro precedente se suelta, la Robin alabea para decirnos algo así como "ahí os quedáis" y se tira para abajo mentras Maik dice: "velero libre, gracias". Nos quedamos solos.



Parece que el remolcador nos ha dejado encima de una térmica y empezamos a dar vueltas mientras seguimos ascendiendo. Estoy pendiente y completamente receptivo a todos lo que ocurre. No tengo palabras para describir lo que siento pero sí que puedo decir que no se parece en nada a como lo había imaginado. Por un lado pensaba que iba a ser más silencioso pero en absoluto. Cuando el avión vuela lento es cierto que apenas se oye nada pero cuando coge velocidad, o una buena térmica, la cosa cambia y sientes perfectamente cómo estás dentro de la corriente de aire.

La lana, el panel de instrumentos y mis patorras
Es como si todo a tu alrededor estuviera enfurecido y el propio viento quisiera expulsarte de donde estás. El sonido del avión cortando el viento no es para nada relajante tal y como lo había imaginado. No es agradable, tampoco desagradable, pero el sonido no es de los que te inspiren un sentimiento de paz. Notas en el culo como el avión se encabrita, tiembla, vibra, se mueve, se acelera... me da la sensación de que somos luchadores enfrentándonos a las fuerzas de la naturaleza sin armas, en un combate cuerpo a cuerpo contra un gigante cabroncete que quiere divertirse con nosotros. Es difícil de explicar esta experiencia si no lo has vivido antes pero ahora entiendo que esto es lo más parecido a volar como un pájaro y a sentir el vuelo en sun estado más puro. A pesar de que Maik me deja los mandos y soy capaz de seguir la térmica y coger altura, me parece también mucho más difícil de volar este tipo de avión de lo que había pensado ya que requiere mucha destreza y mañana, además de experiencia, por lo que prefiero devolverle la palanca enseguida y seguir sintiendo, mirando y... disfrutando.

Ocaña pueblo, aeródromo de Ocaña y confluencia de la A-4 con la R-4
El vuelo transcurre con normalidad. Maik es un gran piloto que hace que no me maree (y mira que esto tiene todos las papeletas para marear, eh?: avión, calor, vueltas, vueltas y vueltas son los ingredientes perfectos para terminar soltando todo el lastre estomacal). No obstante si alguno de los lectores de mi blog es propenso al mareo y va a probar esta experiencia le recomendaría un par de biodraminas para evitar cualquier incidente gástrico y disfrutar al máximo.

Hey, ahora sí que si estamos volando
Al final, como todo lo bueno, el tiempo pasa demasiado rápido y toca bajar, digo bajar porque no nos alejamos nunca tanto como para perder de vista el aeródromo.
Comenzamos a hacer circuitos, ahora evitando cualquiera de las ascendencia tan buscadas anteriormente, ¿no parece una contradicción?, y mientras Maik pilota, yo llevo las comunicaciones. Sacando aerofrenos se nota perfectamente como el avión pierde sustentación y cae como una piedra. Guarda aerofrenos y el avión recupera su tasa de planeo y se mantiene perfectamente en el aire.
Mi segunda inquietud respecto a este tipo de vuelo va a ser resuelta ¿qué pasa si te quedas corto? ¿y alto? No existe la posibilidad de hacer un motor y al aire y solo hay una oportunidad de "meterla". Ahora entiendo como con un poco de experiencia y jugando con estos controles no hace falta motor para hacer un aterrizaje perfecto. ¿Que te quedas alto? sacas aerofreno y bajas, ¿que te quedas bajo? en vez de motor, guardas aerofreno y dejas de bajar.

- En base para final de Echo, Bravo, Union - Sí, Union en vez de Uniform... pero donde fueres haz lo que oyeres ;-)

Compruebo como mi compañero tiene la toma perfectamente asegurada en el movimiento de los controles y el ratio de ascenso. Promete ser una toma estupenda, y no me defrauda en absoluto cuando en menos de 100 metros desde que la rueda hace contacto con la pista se detiene frente a los instructores mientras el plano izquierdo baja lentamente hasta golpear el suelo. No puedo más que sentirme orgulloso de lo bien que hemos aterrizado... y eso que yo no he hecho nada más que llevar la radio, pero me siento parte de este equipo ;-)


Una vez guardado el avión (sí, aquí toca hacerlo todo uno mismo) me dirigjo a mi coche para poder prepararme para lo segundo mejor del día: meternos en la piscina un buen rato para conseguir bajar la temperatura corporal exterior y una birra bien fría para también bajar la interior :-P

Esto es el regalito que me dejaron unos compañeros del aire antes de reventar...

Relax piscinero. No está nada mal después del calor pasado
Y antes de que el ocaso se avecine toca regresar a casa con la satisfacción que dá el haber probado al fin lo que es volar en un velero. Una experiencia tan diferente a lo imaginado que me cuesta digerirlo. Una experiencia tan brutal que tengo que apropiarme de la definición de Manu en su blog: volar en velero es una "Maldita poesía agresiva".

Gracias Mike, gracias amigo.

Los tres protagonistas de esta aventura

Buenos vuelos!

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